Relatos

El mapa

Su punto de partida era un aburrido paisaje asfaltado habitado por individuos que habían hipotecado su libertad. Día a día, los pobladores de aquel lugar caminaban frenéticamente rumbo a sus distinguidos y acristalados calabozos. Era su hogar, la ciudad que le había visto crecer, pero no quería someterse a las reglas no escritas que regían la vida allí.  

 Una mañana, sin pensarlo demasiado, abandonó su casa con una pequeña mochila, una cámara de fotos y un viejo mapa como única guía. Durante semanas, viajó a diversos lugares. Antes de visitar un nuevo destino, solía recorrer con los dedos las líneas trazadas en el plano. Acariciaba con sus yemas cada uno de los pliegos. Aquellos dobleces escondían lugares desconocidos para él. Disfrutaba dedicándole tiempo a aquel trozo de papel, haciendo suya la información que ofrecía. Al observarlo, imaginaba cada uno de los lugares que abarcaba. El tacto áspero, paradójicamente, le agradaba. Las arrugas y marcas seducían a sus sentidos.

Pero el plano dejó de ofrecer nuevos destinos, parajes por descubrir y lugares donde esconderse. Cuando se quedó sin más pistas sobre nuevas vías por las que deambular, resignado, asumió que era el momento de volver a casa. Pues ese mapa ya no podía seguir alejándolo de sí mismo.

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